jueves, 26 de enero de 2012

Cuando Daby conquistó a Basú.

Hola de nuevo a todos, esta vez agradeceré más que nunca sus correcciones u observaciones, ya que no pude enviar a tiempo mi relato.

Les cuento que la consigna de este mes de los Adictos a la escritura, se llamó SENSACIONES y ha sido un brainstorming de personajes, del cual debíamos hacer una elección para hacer un relato sobre éste, de acuerdo a la consigna, claro. Yo elegí a la MOSCA, y aunque sé que no he logrado abarcar lo de "sensaciones", me he enamorado de Basú, como él lo hizo de Daby. Allá vamos entonces.


CUANDO DABY CONQUISTÓ A BASÚ.

El pequeño insecto no entendía por qué lo corrían ahí a donde iba. Se posaba en la mesa o en la ventana y al poco tiempo le dejaban ir la palma de la mano encima.

No hago daño a nadie, pensaba tras cada incidente de este tipo, ni siquiera a otra mosca.

Juntó las patas delanteras y las frotó delante de sus grandes ojos. Tenía siete días en la Tierra y aún se maravillaba de sus extremidades, de la forma de sus alas; y por ende no era natural, para esa mosca macho, que a los humanos les pareciera un insecto terriblemente feo y molesto. Se inclinó un poco hacia delante (pero sólo un poco) y emprendió el vuelo.


La familia Gassol simplemente sabía que odiaba a las moscas, por dos poderosas razones: una conciente y otra no tanto.

La primera de las razones, pero la que era inconsciente, era que comían más que ellos, creían que cualquier cosa les pasaba hacia la barriga, no importaba si el alimento se encontraba en condiciones deplorables, era alimento y era cuestión de envidia. En segundo lugar, pero no por ello menos importante, estaba el bisbiseo espantoso que provocaba el movimiento veloz de sus alas; daban comezón si rozaban la mejilla, la cabeza o las piernas de algún integrante. Pero lo que ellos no sabían es que el curioso ruido no sólo era producto de la agilidad de sus alas.

Y es que a toda mosca le encanta gritar, en ese acto podría definirse la cacofonía que las caracteriza, y lo hacen por si algún consanguíneo está en pleno vuelo o sencillamente fuera de la vista, pues nunca está de más. Aunque es bien sabido, al menos entre ellas, que el griterío no es nada más por comunicarse, sino también para denotar felicidad, y hacer partícipes a los de su especie y si se puede a cualquier otro, de su sentir habitual.

Lo que profieren a menudo todas las moscas, son cosas incoherentes, ideas inconexas, que piensan, no tienen ni un motivo para controlar.

Basú, como acostumbraban decir a la mosca macho que rondaba el techo de adobe, era de un temperamento agradable a los demás, que si podía, trabajaba para que los inválidos (aquellos a los que les faltaba un ala, una pata o simplemente las tenían atrofiadas), pudieran llevarse algo al paladar. Aunque a decir verdad, este tonto narrador no sabe si las moscas tienen esa parte en especial.

Lo importante es que Basú se esforzaba el triple, considerando el promedio del trabajo de todas las moscas; él sabía que su misión para el lugar en el que había nacido consistía en la simple, pero también ardua, tarea de ayudar.

— Deberíamos conseguir insecticida –dijo Gassol padre al ver pasar a Basú del techo a la cabeza de su hijo más pequeño, aunque claro, el señor no sabía que ese era el nombre de aquel díptero, mucho menos que contaba con uno muy particular.

— Mi querido viejo –se atrevió a desafiarlo la más grande de sus hijas– ni siquiera podemos conseguir algo para llevarnos a la boca.

Gassol padre sólo puso mala cara, no tenía argumentos para debatirla, pero es que vivir en aquel infierno, al este de Uganda, le había arrebatado el humor que Basú gustoso contenía.

Basú continuaba trabajando, haciendo oídos sordos a lo que el señor Abdou Gassol maquinaba nada más lo veía. No obstante, también era cierto que no podría tener la certeza de que Basú era la misma mosca que a diario, durante la última semana, lo había hecho rabiar y visualizar su realidad: nadaba en una piscina llena de pobreza, que parecía no contar con extremos, ni un fondo donde poder ahogarse tranquilamente.

— ¡Ya sé que quiero ser pa! –dijo entusiasmado el tercer hijo, de menor a mayor, del señor Gassol.

¿Cuándo seas grande? –contestó el padre, intentando dirigir la expresión de su hijo.

— ¡No pa! ¡En la otra vida, claro! –. Como si de una broma se tratara, especificó Daby, el tercero de los hijos de Abdou y Duma Gassol.

— ¿Y tú crees que Cristo o su padre te dejará elegir? –cuestionó socarronamente su señor padre.

— Claro que no, pero nunca sobra intentar –profirió Daby alegremente, a lo que Basú no pudo evitar reaccionar, se quedó suspendido, contemplando por primera vez el rostro de uno de los humanos con los que compartía el hábitat

— ¿Y entonces qué es lo que quieres ser? –. El señor Gassol ya sentía curiosidad a lo que su ingenioso hijo le iba a revelar.

— Pues una mosca. ¡Sí señor! –confirmó Daby para asombro de Abdou Gassol, que sintió como si se le viniera encima del pecho un bloque de mármol, aunque no sabía si dicho material lo había visto allí o en la ciudad.

— ¿No creen que están adelantándose mucho? –dijo Ibra, la mayor. Ella quería recomponer el gesto que halló en el rostro de su padre, pues a pesar de su pobreza, el amor que les profesaba era incondicional.

— ¿A qué te refieres hija mía? –inquirió Abdou con la voz entrecortada.

— A que deberíamos pensar, que en otras vidas podríamos ser algo más que una simple mosca –sonrío hacía todos, suponiendo que tenía la razón y que eso borraría la tristeza de papá.

Ante eso, Basú volvió a avanzar, nada más que esta vez lo hizo más cerca del suelo, ya que desde las alturas le costaba mucho trabajo escuchar la plática, que la familia residente había comenzado a entramar. Sin embargo, Daby, el tercero y el más observador, se percató cuando Basú se quedó pasmado en el aire y justo en ese instante, que había retomado su revoloteo, pero esta vez más cerca de ellos.

— No hables tan alto o la señora mosca se va a molestar –susurrante y con el ceño fruncido, Daby señalo hacia Basú. Toda la familia río, pero por el titulo que le había dado, Basú se indignó. Mira que llamar 'señora' a una mosca macho. Pero pronto, y al repetirse esas palabras en la mente, soltó tal carcajada que a la familia Gassol contagió.

O al menos eso creía Basú, pero de lo que se reían todos era de las ocurrencias de Daby y los pensamientos inocuos de papá Abdou.

La mosca Basú al comprenderlo entonces, no se pudo molestar, es cierto que había estado indignado hacía apenas unos segundos, pero enojarse, una mosca, JAMÁS. Esa clase de insectos no puede permitirse explotar, porque explotar significaría irse antes de tiempo, abandonar esa o cualquier otra forma de vida, y mientras se resuelve el misterio de si la reencarnación existe o si también aplica para las moscas, Basú y sus hermanos aprovecharán cada momento, de ese asunto ni dudar.


La mosca macho retoma su labor, con múltiples estallidos internos que no pueden ser sino amor, no un amor romántico, más bien fraternal, porque a pesar de alguna palabra equivocada de Daby, a Basú ha logrado conquistar.

Después de todo, la media de vida de su especie oscila entre 20 y 25 días; y desear y soñar es algo que es permisible únicamente a los humanos, y Daby, realmente no lo hace nada mal.

10 comentarios:

  1. Já! Yo pensé con demasiado cuidado qué personaje seleccionar porque no sabía qué decir...Al final,me eligió un libro... Pero qué bonita historia la que has tejido al rededor de "una simple mosca"...

    ResponderEliminar
  2. jeje pero que cosa de mosca jejeje linda historia ^^

    ResponderEliminar
  3. Querida Athena, para ser la historia de una familia proveniente del Tercer Mundo y de una mosca tan simpática es reflexiva, conmovedora y hermosa.

    Me quedé pensando cuando el pequeño Daby le dijo a su padre que de grande quería ser una mosca.

    Saludos Karuna ^^

    ResponderEliminar
  4. Athena creo que esta historia es bellisima, me encanto nunca me habia puesto a pensar que pensaria una mosca bellsima

    ResponderEliminar
  5. Ains, mi Athenea, te quedó increíble:D

    Basú es la caña, me he enamorado, y mira que las moscas me dan asco, pero vamos, que en los relatos de este mes basados en ellas, incluso la estoy cogiendo cariño, jajaaj:D

    Genial^^

    Besikosss

    ResponderEliminar
  6. Hiciste que por momento las amara!!!jaja
    Realmente me encanto como llevaste la historia, nunca se me hubiera ocurrido verlo de esa forma!!Felicitaciones!!

    Besos!!

    ResponderEliminar
  7. Pues creo que GANARON LAS MOSCAS. Hasta ahora ya he leído varios relatos a cerca de ellas. Nunca hubiera imaginado que fascinaran tanto estos bichos que abomino.
    En este caso hablaste de paso del hambre, ese flagelo del que casi no se habla, pero que existe. Tal vez sea por eso que me parece abominable ver que hacen tantos concursos de comida, donde la gente compite por ver quien come más hamburguesas, más hot dogs , más pasteles etc.Mientras en muchas latitudes la gente literalmente de muere de hambre.
    Gracias por tu sensibilidad: Doña Ku

    ResponderEliminar
  8. qué mosca más maja, me ha caído muy bien ^^

    ResponderEliminar
  9. ¡genial! ¡estupendo relato, me ha encantado Basú! :) ¡saludos!

    ResponderEliminar
  10. ...traigo
    ecos
    de
    la
    tarde
    callada
    en
    la
    mano
    y
    una
    vela
    de
    mi
    corazón
    para
    invitarte
    y
    darte
    este
    alma
    que
    viene
    para
    compartir
    contigo
    tu
    bello
    blog
    con
    un
    ramillete
    de
    oro
    y
    claveles
    dentro...


    desde mis
    HORAS ROTAS
    Y AULA DE PAZ


    COMPARTIENDO ILUSION
    ATHENA

    CON saludos de la luna al
    reflejarse en el mar de la
    poesía...




    ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE TITANIC SIÉNTEME DE CRIADAS Y SEÑORAS, FLOR DE PASCUA ENEMIGOS PUBLICOS HÁLITO DESAYUNO CON DIAMANTES TIFÓN PULP FICTION, ESTALLIDO MAMMA MIA, TOQUE DE CANELA, STAR WARS,

    José
    Ramón...

    ResponderEliminar

Related Posts with Thumbnails